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A LA MEMORIA DE...
De prisa entró un señor a la tienda de autoservicio a comprar los últimos detalles para el haloween. Miró a su alrededor toda la gente que allí había y se molestó un poco. “Estaré aquí una eternidad; con tanto que tengo que hacer” pensaba. El tradicional “día de Muertos” se había convertido en Haloween. Estaba deseando que ese día ya pasara. Se apresuró lo mas que pudo entre la gente en la tienda. Pasó por el departamento de juguetes para buscar un disfraz. Se preguntaba lo efímero de tal compra. De pronto, se encontró en la sección de muñecas. En una esquina se encontraba un niñito, como de 5 años, sosteniendo una preciosa muñeca. Estaba tocándole el pelo y la sostenía muy tiernamente. No se pudo aguantar, se le quedo viendo fijamente preguntándose para quien seria la muñeca que sostenía, cuando de pronto se le acercó una mujer al niño, el cual llamó tía. El niño le preguntó: “¿Estas segura que no tengo el dinero suficiente?” Y la mujer le contestó, con un tono impaciente: “Tu sabes que no tienes suficiente dinero para comprarla”. La mujer le dijo al niño que se quedara allí donde estaba mientras buscaba otras cosas que le faltaban. El niño continuó sosteniendo la muñeca. Después de un ratito, el hombre se le acercó y preguntó al niño para quien era la muñeca. El niño le contestó: “Esta muñeca es para mi hermanita que la deseaba con tanto anhelo. Ella se la iba a pedir a Santa Claus y estaba segura que se la iba a traer. El señor le dijo que lo mas seguro era que si se la llevara Santa. Pero el niño le contestó: “No, Santa no puede ir a donde mi hermanita esta. Yo le tengo que dar la muñeca a mi Mamà para que ella se la lleve a mi hermanita. El señor le preguntó donde estaba su hermana. El niño, con una cara muy triste le contestó: “Ella se ha ido con Jesús. Mi Papá dice que Mamà se va a ir con ella también”. El corazón del señor casi deja de latir, Volvió a mirar al niño una y otra vez. El continuo: “Le dije a mi Papà que le dijera a Mamà que no se fuera todavía. Le dije que le dijera que esperara un poco hasta que yo regresara de la tienda”. El niño le preguntó si quería ver su foto y el señor le dijo que le encantaría. Entonces el niño sacó unas fotografías que tenia en su bolsillo y que había tomado frente a la tienda y le dijo: “Le dije a Papà que le llevara estas fotos a mi Mamà para que ella nunca se olvide de mí. Quiero mucho a mi Mamà y no quisiera que ella se fuera. Pero Papá dice que ella se tiene que ir con mi hermanita” El señor se dio cuenta que el niño había bajado la cabeza, que rodaba una lagrima por su mejilla y se había quedado muy callado. Mientras no lo miraba, el señor metió la mano a su bolsa y saco unos billetes. Le dijo al niño que contaran el dinero otra vez. El niño se entusiasmo mucho y comentó: “Yo se que es suficiente”. Y comenzó a contar el dinero otra vez. El dinero ahora era suficiente para comprar la muñeca. El niño, con una voz muy suave, comentó: “Gracias Jesús por darme suficiente dinero”. El niño entonces comentó: “Yo le acabo de pedir a Jesús que me diera suficiente dinero para comprar esta muñeca, para que así mi Mamà se la pueda llevar a mi hermanita y el oyó mi oración. Yo le quería pedir dinero suficiente para comprarle a mi Mamà una rosa roja también, pero no lo hice. Pero él me acaba de dar suficiente para comprar la muñeca y la rosa para mi Mamà. A ella le gustan mucho las rosas. Le gustan mucho las rosas rojas”. En unos minutos la tía regresó y el señor, desapercibidamente, se fue. Mientras el señor terminaba sus compras, con un espíritu muy diferente al que tenía al comenzarlas, no podía dejar de pensar en el niño. Seguía pensando en una historia que había leído en el periódico unos días antes, acerca de un accidente causado por un conductor ebrio, el cual había causado un accidente donde había perecido una niñita y su Mamà estaba en estado de gravedad. La familia estaba deliberando en si mantener o no a la mujer con vida artificial y maquinas. El señor se dio cuenta de inmediato que este niño pertenecía a esa familia. Dos días mas tarde leyó en el periódico que la mujer del accidente había sido removida de la maquinaria que la mantenía viva y había muerto. No se podía quitar de la mente al niño. Mas tarde ese día, fue y compro un ramo de rosas rojas y las llevó a la funeraria donde estaba el cuerpo de la mujer. Y ahí estaba, la mujer del periódico, con una rosa roja en su mano, una hermosa muñeca y la foto del niño en la tienda. Se fue llorando…su vida había cambiado `para siempre. El amor de aquel niño por su madre y su hermanita era enorme. En un segundo, un conductor ebrio le había destrozado la vida en pedazos a aquel niñito. Ese niñito era…yo. Ese señor era un ángel enviado por Dios, me cai
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snopyyymx
Tiempo de actualización:
2006-11-01 15:38:11
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